Oramos por nuestro obispo electo Don José Luis

JOSE LUIS RETANA 11

El jueves 22 de junio todas las parroquias de la Diócesis celebrarán una Vigilia de Oración por nuestro obispo electo Don José Luis Retana Gozalo. ¡Participa!

JUEVES EUCARÍSTICO

Oración ante el Santísimo Sacramento

por

Don José Luis Retana Gozalo

nuestro nuevo Obispo

Monición de entrada

En este jueves previo a la ordenación episcopal de Don José Luis, nuestro obispo, nos reunimos para rezar por él en este inicio de su ministerio como obispo de Plasencia.

En el obispo, ayudado por los presbíteros, está el mismo Cristo que se hace presente y que continúa cuidando de su Iglesia, asegurándoles su protección y su guía.

De hecho, como Jesús eligió a los Apóstoles y los ha enviado a anunciar el Evangelio, así los obispos, sus sucesores, se colocan a la cabeza de las comunidades cristianas, como garantes de la fe y como signo vivo de la presencia del Señor en medio de ellos.

Oremos ante Jesús sacramentado para que conceda a nuestro obispo la abundancia de los dones de su Espíritu y sea siervo fiel en el desempeño de su ministerio episcopal. Acreciente en él su caridad sacerdotal para que sea buen pastor en el cuidado solícito de su pueblo.

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Exposición del Santísimo Sacramento

Canto:

Alabanzas a Jesús sacramentado

Señor Jesús:

Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.

«Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios» (Jn. 6,69).

Por eso te decimos:

Creemos, Señor Jesús, que en la noche del Jueves Santo instituiste el sacramento de la Eucaristía convirtiendo el pan en tu Cuerpo y el vino en tu Sangre y confiaste a la Iglesia la renovación de este Sacrificio para el perdón de los pecados.

*Seáis por siempre bendito y alabado (Candado)

Creemos, Señor Jesús, que estás presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad en el Sacramento de la Eucaristía.

Creemos, Señor Jesús, que te das a nosotros como alimento para la vida eterna en la Sagrada Eucaristía.

*Seáis por siempre bendito y alabado (Candado)

Creemos, Señor Jesús, que vives y nos escuchas, que estás y que nos esperas en cada Sagrario.

Creemos, Señor Jesús, que a pesar de que nuestros ojos no te ven y que somos indignos de este don, tú estás presente en medio de nosotros.

*Seáis por siempre bendito y alabado (Candado)

Oremos

Padre bueno que conduces a tu pueblo con la suavidad y la fuerza de tu amor, concede a nuestro obispo José Luis, que como Jesús, anuncie el reino de justicia y de paz al pueblo que peregrina en esta diócesis de Plasencia.

Que sea un obispo que lleve
la Buena Nueva a los pobres,
los enfermos, los pequeños y sencillos,

para que encuentren en èl,

un pastor que los conduzca a las fuentes de la gracia,
de la verdad y de la vida.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

Del evangelio según san Juan (10,11-18):

En aquel tiempo dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Palabra del Señor

Momento de meditación

Respondemos a la Palabra de Dios recitando el salmo

El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R.

El Señor es mi pastor, nada me falta:

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

El Señor es mi pastor, nada me falta:

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.

El Señor es mi pastor, nada me falta:

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R

El Señor es mi pastor, nada me falta:

Momento de meditación

Lector

Jesucristo, Señor nuestro, enviado por el Padre para redimir al género humano, envió, a su vez, a los doce apóstoles por el mundo, para que, llenos de la fuerza del Espíritu Santo, anunciaran el Evangelio, gobernaran y santificaran a todos los pueblos, agrupándoles en un solo rebaño.

Para que este servicio continuara hasta el final de los tiempos, los apóstoles eligieron colaboradores, a quienes, por la imposición de las manos, les comunicaron el don del Espíritu Santo que habían recibido de Cristo, confiriéndoles la plenitud del sacramento del Orden. De esta manera, se ha ido transmitiendo a través de los siglos este ministerio, por la sucesión continua de los Obispos y permanece y se acrecienta hasta nuestros días la obra del Salvador.

En la persona del obispo, rodeado de sus presbíteros, está presente el mismo Jesucristo, Señor y pontífice eterno. Él es quien, por medio del obispo, continúa anunciando el Evangelio y ofreciendo a los creyentes los sacramentos de la fe.  Él es quien por medio del ministerio paternal del Obispo, agrega nuevos miembros a la Iglesia, su cuerpo. Él es quien, valiéndose de la predicación y la solicitud pastoral del Obispo, nos lleva, a través del peregrinar terreno, a la felicidad eterna.

El obispo ha sido escogido entre los hombres y puesto al servicio de ellos en las cosas de Dios. El episcopado es un servicio, no un honor; por ello el Obispo debe ante todo vivir para los fieles y no solamente presidirlos. El primero, según el mandato del Señor, debe ser como el menor, y el que gobierna, como el que sirve.

El obispo cuida y dirige la Iglesia que se le confía y es fiel dispensador de los misterios de Cristo. Ama con amor de padre y hermano a cuantos Dios pone bajo su cuidado, especialmente a los sacerdotes, colaboradores suyos en el ministerio sagrado, a los pobres, a los débiles, a los que no tienen hogar y a los inmigrantes.

(Pontificar Romano)

Momento de silencio

Canto:

Lector

Según la tradición apostólica, la ordenación episcopal se confiere mediante la imposición de las manos y la oración. La imposición de las manos se lleva a cabo en silencio. La palabra humana enmudece. El alma se abre en silencio a Dios, cuya mano se alarga hacia el hombre, lo toma para sí y, al mismo tiempo, lo cubre para protegerlo, para que seguidamente sea totalmente propiedad de Dios. Pero, como segundo elemento fundamental del acto de consagración, sigue después la oración. La ordenación episcopal es un acontecimiento de oración. Ningún hombre puede hacer a otro sacerdote u obispo. Es el Señor mismo quien, a través de la palabra de la oración y del gesto de la imposición de las manos, asume a ese hombre totalmente a su servicio, lo atrae en su mismo Sacerdocio. Él mismo consagra a los elegidos. Él mismo, el único Sumo Sacerdote, que ha ofrecido el único sacrificio por todos nosotros, le concede la participación en su Sacerdocio, para que su Palabra y su obra estén presentes en todos los tiempos.

Por este lazo entre la oración y el actuar de Cristo sobre el hombre, la Iglesia en su Liturgia ha desarrollado un signo elocuente. Durante la oración de Ordenación se abren sobre el candidato los Evangelios, el Libro de la Palabra de Dios. El Evangelio debe penetrar en él, la Palabra viviente de Dios debe, por así decir, impregnarle. El Evangelio, en el fondo, no es sólo palabra, Cristo mismo es el Evangelio. Con la Palabra, la misma vida de Cristo debe impregnar a ese hombre, para que llegue a ser enteramente una sola cosa con Él, que Cristo viva en él y de forma y contenido a su vida. El consagrado debe ser colmado del Espíritu de Dios y vivir a partir de Él. Debe llevar a los pobres el alegre anuncio, la libertad verdadera y la esperanza que hace vivir al hombre y le cura. Debe establecer el Sacerdocio de Cristo en medio de los hombres, el Sacerdocio al modo de Melquisedec, es decir, el reino de la justicia y de la paz. Como los 72 apóstoles enviados por el Señor, debe ser uno que trae la curación, que ayuda a curar la herida interior del hombre, su lejanía de Dios. El primer y esencial bien que el hombre necesita es la cercanía de Dios mismo. El reino de Dio no es algo “junto” a Dios, una especie de condición del mundo: es sencillamente la presencia de Dios mismo, que es la fuerza que verdaderamente sana.

(Benedicto XVI)

Momento de silencio

Canto:

Preces

Oremos a Dios Padre por todos los hombres y en este día supliquémosle especialmente por nuestro obispo José Luis, que el sábado será llamado al orden episcopal, para que el Señor conserve en él sus dones y éstos fructifiquen en el bien de nuestra Iglesia de Plasencia

· Para que la fuerza del Espíritu Santo que Jesucristo comunicó a los santos apóstoles y, por ellos a sus sucesores, fortalezca a nuestro obispo a fin de que ejerza sin reproche su ministerio y apaciente con santidad a la Iglesia que le ha sido encomendada. Roguemos al Señor.

· Para que predique con fe y constancia el Evangelio de Jesucristo y guarde, íntegro y puro, el depósito de la fe, de acuerdo con la tradición recibida de los apóstoles. Roguemos al Señor.

· Para que, como un buen padre, vele por el pueblo santo de Dios, y ayudado por sus presbíteros y diáconos, lo guíe por el camino de la salvación y sea siempre comprensivo y misericordioso con los pobres, los inmigrantes y todos los necesitados. Roguemos al Señor.

· Para que nuestra Iglesia diocesana de Plasencia, bajo la guía de su obispo, crezca sin parar y vaya acogiendo en su seno a los hijos dispersos que viven en nuestras ciudades y pueblos. Roguemos al Señor.

Señor Dios Todopoderoso, que, por medio de tu Hijo Jesucristo, elegiste a los apóstoles para que cuidasen de la Iglesia, y quisiste que su ministerio se perpetuase a través de los obispos, escucha nuestra oración y concede a nuestro pastor José Luis ser un verdadero imitador de tu Hijo. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Reserva del Santísimo Sacramento

Canto:

Tantum ergo sacraméntum

venerémur cernui,

et antíquum documéntum

novo cedat rítui;

praestet fides supleméntum

sensuum deféctui.

Genitóri Genitóque

laus et iubilátio,

salus, honor, virtus quoque

sit et benedictio;

procedénti ab utróque

comparsit laudátio. Amen.

V. Les diste pan del cielo. (T.P. Aleluya).

R. Que contiene en sí todo deleite. (T.P. Aleluya).

Oremos.

Oh Dios, que en este sacramento admirable

nos dejaste el memorial de tú Pasión,

te pedimos nos concedas venerar de tal modo

los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre,

que experimentemos constantemente en nosotros

el fruto de tu redención.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amen.

Bendición Eucarística

Alabanzas de desagravio

Bendito sea Dios.

Bendito sea su santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Bendito sea el Nombre de Jesús.

Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

Bendita sea su Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

Bendito sea San José, su castísimo esposo.

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

Canto a la Virgen

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