Homilía Encuentro Diocesano de Cofradías 2018

Queridos sacerdotes concelebrantes; un saludo cordial a los participantes en el vigésimo tercer Encuentro Diocesano de Hermandades y Cofradías de nuestra diócesis de Plasencia; queridos feligreses de esta parroquia de Santa María de la Torre de Jarandilla que hoy con tanto cariño nos acogéis.

En la primera lectura hemos escuchado las palabras del profeta Ezequiel que nos habla de la rama de un cedro que Dios planta en la cumbre de un monte elevado y termina por convertirse en un árbol enorme en el que, al abrigo de sus ramas, anidan aves de todas las clases. Así somos los discípulos y seguidores de Jesús: hombres y mujeres que son como una débil y tierna rama que el Señor trasforma en árbol frondoso que da abrigo, cuida protege, hace bien a toda clase de personas.

         La imagen se repite en el Evangelio. Con dos parábolas nos explica el Señor cómo es el Reino de Dios: como la semilla del grano de mostaza que, siendo muy pequeña, crece tanto que los pájaros anidan en ella, y la levadura que hace fermentar toda la masa.
La semilla del grano de mostaza es la acción misionera y evangelizadora de la Iglesia que pone en el corazón del hombre la semilla de la Palabra de Dios, el encuentro con Cristo; el Señor hace que vaya creciendo de tal manera que lo que no era más que una pequeña semilla se convierte en una realidad fuerte y robusta.

La levadura es la Palabra de Dios y el testimonio cristiano auténtico que hacen crecer y fermentar la gran masa, de modo que toda la masa queda transformada. Nosotros estamos llamados, vosotros cofrades, por el hecho de haber recibido el Bautismo, a ser semilla y levadura en medio de este mundo que nos ha tocado vivir. El Señor ha dejado en nuestras manos la tarea de dar a conocer y ayudar a crecer hoy en medio de nuestra gente y de nuestro pueblo el Reino de Dios, el Evangelio de Jesucristo. El acompaña.

Porque ser cofrade es ser cristiano, un cristiano enriquecido con la fraternidad de otros que me ayudan a vivir la fe recibida en el bautismo, a conocer mejor a JXto. y a Maria, su Madre, a amar más a la Iglesia y ayudarla, a ser testigo de JXto en medio del mundo: en las actividades de la cofradía y en todas las ocasiones de mi vida.

Todos tenemos que sentirnos enviados;
Debemos ser semilla y levadura en la vida normal de cada día, con los más próximos, los de la familia, los compañeros de trabajo, en nuestro pueblo y en nuestro vivir diario. Y tenemos que serlo de doble manera: en primer lugar con nuestra palabra, con la que tenemos que dar razón de nuestra fe y no avergonzarnos de ser lo que somos, confesando valiente y públicamente nuestro seguimiento de Cristo; y, en segundo lugar, corroborando esas palabras con nuestra vida, una vida vivida desde las exigencias de la fe en la que Dios ocupa el puesto central.

Este testimonio de vida nos obliga necesariamente a ser levadura en medio de la masa del mundo, distinguirnos de los demás por nuestra manera de vivir y de actuar para poder suscitar en ellos el deseo de seguir a Jesucristo como lo hacemos nosotros. Nos obliga, por tanto, a distinguirnos de los del montón, que no se interesa por una visión trascendente de la vida y prefiere vivir desde los criterios del mundo, sirviendo al dinero, al poder y al placer y pasarlo bien a costa de lo que sea.

Esto es lo que el Señor nos está pidiendo. Porque sois como la levadura, las Cofradías ocupáis un lugar relevante dentro de la Iglesia, y los cofrades estáis llamados a llevar a cabo una misión cada día más necesaria en la misión eclesial de anunciar a Jesucristo en nuestro mundo, cada uno en su ambiente.

Representáis en la vida de la Iglesia un cauce privilegiado de la piedad popular. Tratáis de fomentar la fraternidad y el mandamiento del amor entre los miembros. Y servís, en no pocas ocasiones, como cauce para el apostolado de los seglares. Como Asociaciones Públicas de fieles de la Iglesia Católica representáis un movimiento de laicos con capacidad de convocatoria.

Curiosamente, esto acontece en una sociedad tocada de secularismo donde se potencia una visión de la vida al margen Dios.

Pero no lo olvidéis. Sólo en la medida en que nuestras tradiciones religiosas sean expresión de la convicción de la fe que inspira nuestra vida y camino para acercarnos a Cristo y pertenecer a la Iglesia, las tradiciones religiosas podrán perdurar y dar fruto sazonado. Una tradición religiosa muda, que ha perdido su razón transcendente, se convierte en producto exótico destinado a la visita transitoria del turismo como curiosidad insustancial y pasajera.

Las Cofradías no sois asociaciones civiles, sino eclesiales. Sin Jesucristo y sin la Iglesia no seriáis nada, os quedaríais en algo puramente estético y costumbrista, vacío de hondura y de verdad.

No sois en modo alguno un mero hecho cultural, ni un elemento simplemente social y popular, ni una «peña de amigos». No os dejéis seducir por quienes quieren situaros al margen de la Iglesia, porque eso supondría vuestra propia muerte. Aunque tengáis que renunciar a ayudas y apoyos más aparentes que reales. Tampoco las Cofradías, lo sabéis muy bien, son para lucimiento de nadie, ni para las genialidades o protagonismos de nadie, ni deben estar al servicio de ningún interés particular, ni de ninguna apetencia de poder, de imagen o de apariencia. Hay que salvar y defender la libertad y autonomía de la Iglesia sin permitir intromisiones abusivas en su vida interna. Es, en efecto, a la Iglesia a quien corresponde organizarse en su vida interna conforme a sus principios y normas. “Las cofradías –ha dicho el cardenal Rylko- no son solamente el recuerdo de un pasado glorioso y benemérito. No son una especie de “piezas de museo” para admirar con nostalgia. No son tampoco una expresión del folclore religioso para adornar nuestras fiestas litúrgicas. Las cofradías son una realidad viva y presente que la Iglesia mira con confianza y esperanza”.

Las Cofradías podéis ser una fuerza muy importante dentro de la Diócesis. Sois cristianos y no podéis permanecer al margen de la marcha de la Iglesia diocesana y del camino trazado por el Concilio Vaticano II y las orientaciones de los últimos Papas: el camino de una nueva evangelización, para poner al mundo moderno en contacto con las energías vivificantes del Evangelio.

Las Cofradías sois parte integrante de la Diócesis y de las parroquias donde estáis ubicadas. Debéis ser acogidas como realidades diocesanas y estar insertas en la pastoral diocesana. Como también debéis ser acogidas como realidades parroquiales, ser incorporadas a la pastoral parroquial y tenidas en cuenta, en vuestra peculiaridad, en las programaciones pastorales parroquiales: no podéis ir por libre, al margen de las parroquias, por vuestra cuenta. La integración de la cofradía en la pastoral parroquial es mucho más fácil cuando los cofrades participáis activamente en la parroquia, como en la Catequesis, Cáritas, Consejo pastoral, Consejo de economía, etc… Agradezco, valoro y apoyo vivamente la tarea del Consejo Diocesano de Hermandades y Cofradías.

Queridos Hermanos y Cofrades, viviendo vuestra condición de tales, sentíos llamados por Dios a edificar su reino en este mundo. Contribuid a este empeño de todos con vuestro grano de mostaza. Si lo cultiváis, si ponéis los medios para que crezca, seréis constructores del Reino. Que Santa María, con el nombre de Sopetrán, que aquí en Jarandilla se la nombra, nos acompañe en este compromiso que tenemos con el Señor y con la Iglesia. Amén.

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