Homilía de la Inauguración de la Visita Pastoral

Queridos hermanos sacerdotes; Queridos Religiosos y Religiosas.

Queridos hermanos que desde las distintas parroquias del Arciprestazgo habéis venido para participar en esta Eucaristía con la que iniciamos la Visita Pastoral al arciprestazgo de Don Benito.

Me uno al dolor que ha supuesto la muerte del guardia civil Juan Francisco para toda la ciudad de Don Benito y en especial para su familia y amigos. Pido para que el Señor le conceda la paz como premio a su entrega a la propia vocación, que le ha costado la vida; y a su familia el bálsamo del consuelo por esta muerte tan sin sentido. Con el afecto de toda la Diócesis de Plasencia en la persona de su Obispo.

La Visita Pastoral no es un acto protocolario; no es el cumplimiento de una obligación contraída. No la debéis vivir como una inspección del Obispo.

Con la Visita Pastoral yo, como Obispo vuestro, pretendo acompañaros con toda humildad a todos vosotros, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos de las distintas parroquias y comunidades, compartir el gozo de la fe que nos anima y alentar la esperanza y los trabajos comunes por el Evangelio. Es grande la ilusión que tengo en visitaros y no menor la esperanza puesta en esta visita, en la que compartiremos el aliento de vuestra fe, la firmeza de vuestra esperanza y el consuelo de vuestro amor con que Dios nos ha bendecido.

Es un regalo de Dios para mí el conoceros más de cerca, estar con vosotros. Doy gracias a Dios porque permanecéis fieles a Jesucristo y os sentís hijos de la Iglesia. Os invito a que consideréis la visita pastoral con los ojos de la fe, ante todo, como un acontecimiento de gracia que, de alguna manera, reproduce aquella singular visita por la cual Cristo Jesús, Príncipe de los Pastores, ha visitado y redimido a su Pueblo.

Vengo a vosotros como Pastor de esta porción del Pueblo de Dios. Iré a vosotros, a vuestros pueblos, a vuestras parroquias, a vuestras casas y centros de trabajo, donde os encontráis y vivís, a los centros educativos donde se me quiera recibir, a las diversas organizaciones y asociaciones de cada pueblo, para compartir, allí mismo, las preocupaciones y  problemas, los proyectos y los deseos, los gozos y esperanzas, las ideas de vuestra mente y las vibraciones de vuestro corazón creyente, la palabra y el mensaje de la Verdad, la alegría común de la fe.

“Yo soy el Buen Pastor” (Jn. 10). Esta es la Clave para entender y acoger una Visita Pastoral. El Buen Pastor es Jesús. El Obispo y sus sacerdotes quieren participar y vivir en comunión con el Corazón de Cristo, Buen Pastor, que tiene como clave que “entrega su vida por sus ovejas”. El que viene a visitaros es el Buen Pastor. El Obispo, como sucesor de los apóstoles, se identifica con Cristo Cabeza y tiene como misión evangelizar, llevar a todos el amor de Cristo.

El buen Pastor conoce a sus ovejas. El Obispo no quiere venir a cumplir el expediente, sino a conoceros mejor, a amaros y a servir a esta parcela de la Diócesis. Quiero hacer esta mi primera Visita Pastoral sin prisas. Con el estilo del Buen Pastor:

Con la Visita Pastoral, como Obispo vuestro y pastor de la Igle­sia diocesana, debo y quiero acercarme a todos como el Buen Pastor, haciéndome próximo a to­das las comunidades para conocer a los fieles a mí encomendados, mostrar mi afecto por to­dos, especialmente por los más necesitados de misericordia y aliento, por los enfermos y los más pobres, los niños, adolescentes y jóvenes, las familias y las personas que viven en soledad, para escucharos y atenderos solícita y fraternalmente, hacer oír la voz del que es nuestro único Pastor, Jesucristo, y, en su nombre, atraer a los dispersos y reunir a todos en la unidad, por el amor y el vínculo de la paz.

Quiero, sencillamente, estar con vosotros como el que sirve, escucharos y dialogar con vosotros, orar y celebrar juntos los misterios de nuestra fe común que nos anima. Deseo exhortaros y alentaros en vuestros quehaceres y responsabilidades como miembros gozosos de la Iglesia y peregrinos llenos de esperanza en camino hacia el Reino de Dios, y animaros en vuestra fe y en la gozosa tarea de anunciar el Evangelio de Jesucristo en obras y palabras al hombre de hoy.

Según el programa elaborado por cada párroco, a lo largo de las jornadas dedicadas a cada parroquia, iré reuniéndome con todos los grupos presentes en el territorio parroquial. Deseo que la Visita Pastoral sea una oportunidad para animar a cada uno de los que os ocupáis de las tareas de la Iglesia a que sigáis adelante con los trabajos por el Reino de Dios, así como de consolar a cuantos sienten el peso de las dificultades. Mi labor más importante será conocer y bendecir todo el bien que hacéis en vuestras comunidades.

Este encuentro con el Pastor, como hijos con su padre, es también un encuentro de hermanos, un encuentro fraterno; quiero que os sintáis valorados por la Iglesia en la persona de su Obispo. Agradecer lo mucho que estáis realizando bien y rectificar las cosas que podemos mejorar. Deseo que el fruto de la Visita sea potenciar unas comunidades vivas, que caminan juntas con Cristo. Tener con vosotros momentos orantes junto al Señor. Quiero valoraros a todos los que vivís entregando la vida en la parroquia, a la comunidad y que sois auténticas columnas de la vida parroquial.

Aprovechemos este tiempo de gracia para vivir el gozo de ser Iglesia en comunión con sus pastores.

Encomiendo a la Virgen María, venerada entre nosotros bajo bellos títulos, para que vele sobre el camino de esta Iglesia diocesana que la tiene como Madre y quiere siempre poner por obra su exhortación expresada en Caná: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5).

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