Comunicación del Señor Obispo

Cada año por estas fechas estamos metidos en la tarea de los cambios de sacerdotes entro de nuestras comunidades cristianas y de las tareas de nuestra Iglesia diocesana.

Hay hermanos sacerdotes que fallecen, o que llegan al final de sus fuerzas por enfermedad o por edad, sacerdotes que personalmente piden cambiar, situaciones que conviene renovar (Personalmente prefiero afrontar las cosas y equivocarme). Así para algunos llega el tiempo de permutar su destino pastoral. No es, lógicamente, un capricho, ni un premio, ni una penalización. Cada caso tiene numerosos perfiles, razones que a veces son complejas, o es sencillamente la necesidad de tener que ayudarnos mutuamente en el acompañamiento a nuestro Pueblo de Dios que la Iglesia nos ha confiado.

Estoy agradecido de cómo han acogido los sacerdotes los cambios propuestos en nuestra Diócesis. Porque significa que se fían de Dios y se fían de la Iglesia. Ciertas novedades ponen a prueba nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra capacidad de amar. Dios nos sorprende con situaciones que no teníamos previstas. Esa sorpresa puede servir para no dormirse, para volver a la brega, para llenarnos de una gracia que debemos pedir cada día en la oración: la disponibilidad total a la voluntad de Dios sobre nuestra vida.

Es hermoso, cuando no hay intereses mundanos, cuando no nos mueven las envidias, ni paramos sintiéndonos agraviados, cuando no estamos deseando que nadie nos toque y que nos dejen en paz. Tenemos sacerdotes que están dispuestos a ser verdaderos curas de almas que se dejan enviar por la Iglesia sin pasar factura de sus intereses, de sus años

de servicio, de su posición o de su prestigio social. Tenemos muchos curas así, que realmente se dejan la piel y entregan su vida generosamente. Son un regalo de Dios; Le doy gracias por estos curas que no parecen estar contrariados siempre, que no viven permanentemente defraudados, que son capaces de dar gracias humildemente por las cosas que Dios hace con ellos.

Agradezco tener sacerdotes fieles, que son sanamente críticos pero que no se dedican a murmurar. Que su adhesión firme y sincera a Cristo es el secreto de su alegría y la clave de su fecundidad pastoral. Estos son curas auténticamente jóvenes, tengan la edad que tengan.

Con sincera gratitud, yo doy a todos los sacerdotes las gracias por su disponibilidad.

José Luis Retana Gozalo
Obispo de Plasencia

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